Cuando se viaja en metro solo/a y no se lleva libro o periódico a mano es fácil caer en el juego de imaginarte la vida de las personas de tu alrededor. Es divertido.

También me suelo fijar a veces en los libros que lee la gente; hoy por ejemplo había dos chicos enfrente mío, uno leía "Ensayo sobre la lucidez", muy concentrado, serio y moviendo los labios al ritmo de su lectura; el otro leía "El loro en el limonero" y no paraba de sonreir, incluso ha soltado un par de carcajadas.

Enseguida he llegado a mi parada, se han abierto las puertas del metro y ha finalizado mi "momento voyeaur".